El frió me impide verte, no se puede salir a la calle pues las gotas de lluvia son como pequeños piquetes que se inyectan, se estrellan contra la cara…y duelen. Supongo que no odias la lluvia hasta que te toca mojarte.
Anteayer salí del colegio llovía muy fuerte así que decidí esperar un poco mas a que se calmara la lluvia, pero eso nunca sucedió… así que decidí de una buena vez cruzar la calle para dirigirme a la parada de mi taxi, me aproxime a la acera donde termina el colegio y me percaté de un enorme charco el cual tendría que
brincar para evitar mojarme los pies, volví a echar un vistazo antes de cruzar
la calle y vi como mi amigo Ernesto del otro extremo del boulevard subía al autobús portando su gabardina beige y su sombrero negro, le hacían lucir como si no fuera de esta ciudad, o este país, como si fuese extranjero… El no me vio, y mi mano quedo moviéndose en el aire.....
Todas las mañanas, bueno casi todas, compartimos el desayuno y una que otra palabra, y lo digo por que a veces me platica unas historias muy graciosas, otros días simplemente permanecemos en silencio, pero en un silencio agradable*, nunca incomodo, supongo que con hacernos compañía nos basta. Ernesto es una persona sencilla, no se fija la manera en que me visto (aunque en el fondo se que no le agrada), o si no alcancé a peinarme por la mañana, si mis zapatos no
quedan bien con el pantalón que traigo puesto, o si mi blusa no combina con el
suéter, el tan solo me comparte de su desayuno mientras bebe un poco de mi café…
Nunca es pretencioso o intenta aparentar frente a mí, supongo que los verdaderos amigos son así. No recuerdo bien como lo conocí, ni como llegamos a presentarnos, solo se que nos encontramos en el mismo colegio y que compartimos las ganas de ser famosos artistas algún día.
El autobús se fue alejando cada vez mas… mientras yo permanecía parada, sin poder moverme por el frió. Respire profundamente para tomar valor y cruzar la calle, caminé y caminé, la lluvia no cesaba y el viento estaba en mi contra, las gotas de lluvia eran como pequeños piquetes que se inyectaban, se estrellaban contra mi cara…y dolían, yo solo movía las piernas pero no las sentía, mis pies se
encontraban fríos, mojados pues el agua había traspasado los calcetines y los
zapatos, finalmente, llegue a la parada del taxi, fueron las cuatro cuadras mas
frías y mojadas , un taxi vacío se aproximo a mi, lo tome y arranco.
Por la ventana observaba la gente en la calle pasando por la misma travesía que yo. Decidí no ver mas, incline mi cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, y aun así podía escuchar las gotas gordas de lluvia estrellándose contra el vidrio de la ventana.....

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